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¿Qué es el moquillo canino y cómo se trata?

El moquillo o distemper canino es una de las enfermedades contagiosas más comunes y graves en los perros. Descubre cómo se transmite, cuáles son sus síntomas, qué tratamiento requiere y cómo prevenir su aparición en las siguientes líneas.

El moquillo es una enfermedad vírica muy contagiosa que está causada por un virus de la familia Paramixoviridae, un virus muy similar al que provoca el sarampión en las personas. Sus síntomas pueden aparecer paulatinamente y, si no son tratados, se van intensificando con los días y llegan a provocar fallos multisistémicos. Se trata, por tanto, de un virus potencialmente mortal para los perros.

¿Cómo se transmite el moquillo entre perros?

El moquillo se contagia fácil y rápidamente entre perros, pero no de perros a humanos, ya que estamos exentos de padecer esta enfermedad.

La forma de contagio entre perros es por contacto directo, es decir, basta con que un perro entre en contacto con los fluidos de un perro infectado para que contraiga la enfermedad. El virus se elimina principalmente a través de las secreciones respiratorias y oculares, pero también se han detectado restos en saliva, heces u orina de animales infectados incluso pasados los 3 meses de contraer la infección.

¿Hay perros más susceptibles a contraer el moquillo?

Aunque ningún perro está exento de contagio, sí que son más susceptibles de contraer el moquillo los perros cuyo sistema inmune es más débil: cachorros menores de 6 meses y perros ancianos.

¿Cómo puedo saber si un perro tiene el moquillo?

Debemos tener presente que cuando un perro contrae el moquillo canino incuba el virus durante una semana, de forma que los primeros síntomas no suelen aparecer hasta los 9 días tras el contagio. Al principio, no son síntomas que indiquen gravedad (de hecho, pueden pasar desapercibidos o confundirse con otras enfermedades), pero a los pocos días se van incrementando.

Los síntomas del moquillo canino son:

  • En un primer momento se produce un pico de fiebre acompañado de falta de apetito, cansancio y secreción acuosa en ojos y nariz.
  • Tras estos primeros síntomas, a los pocos días la secreción acuosa se vuelve más espesa, pegajosa y de un color amarillento. Al mismo tiempo, podrán aparecer episodios de vómitos o diarreas, así como costras o descamaciones en nariz y ojos. Estos últimos son indicios claros de que el perro puede padecer moquillo canino.
  • Después de una o dos semanas, parecerá que el perro se ha recuperado, ya que los síntomas desaparecerán, pero a los pocos días se producirá una recaída que provoca problemas gastrointestinales y respiratorios (tos, estornudos).
  • A las dos o tres semanas del contagio, la mayoría de los perros presentan signos de encefalitis (fiebre, tamaño desigual de las pupilas, pérdida de coordinación, parálisis facial), exceso de babas, sacudidas de cabeza y convulsiones, y se muestran confundidos deambulando sin sentido.

Si observas cualquiera de estos síntomas, acude lo antes posible a tu veterinario para que pueda realizar un reconocimiento.

¿Cómo se cura? Tratamiento del moquillo canino

El veterinario será el que decida el tratamiento adecuado para el perro en función de la etapa en la que se encuentre la enfermedad y de la sintomatología que presente el animal.

Actualmente, no existe ningún tratamiento farmacológico que ataque y cure el virus, por lo que la forma de actuar es contener el virus a través de medicación para paliar los daños que esté causando en el organismo. Con ello se consigue ralentizar el proceso para que el propio sistema inmune del perro desarrolle las defensas necesarias para combatir el moquillo.

Prevención del moquillo canino

La vacunación es el método más efectivo para proteger a un perro del moquillo, ya que reduce las probabilidades de contagio. Esta vacuna se administra en una primera dosis entre las 6 y 8 semanas de edad de un perro, se vuelve a administrar entre las 12 y 16 semanas y luego se aplica cada año durante toda la vida del perro.

Además de la vacunación anual, como medidas preventivas se recomienda:

  • Suministrar siempre al perro un pienso de calidad, rico en minerales y vitaminas, que mantendrá su sistema inmunológico fuerte y preparado ante cualquier infección o enfermedad.
  • Evitar el contacto con perros de los cuales se sospeche que pueden estar infectados.
  • Estar atento a las cosas que olisquea el perro, especialmente si no va atado con correa.
  • Visitar al veterinario por lo menos una vez al año para realizar chequeos periódicos que ayuden a prevenir o combatir cualquier enfermedad a tiempo.

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